Héctor Aguilar Camín
Día con día
15 08 11
En ausencia de la posibilidad de “pactos nacionales” a que me referí el viernes pasado, han ido surgiendo en México “acuerdos mayoritarios”, una lista de aspiraciones o exigencias públicas distintas, en mucho sentido opuestas a las del “proyecto de nación” que gobernó la cultura política de México durante la larga hegemonía del PRI: el llamado nacionalismo revolucionario.
Los “proyectos de nación” del gobierno y de sus oposiciones parecen diluidos, por decir lo menos. Difícil imaginar que sin estar siquiera bien esbozados puedan volverse pactos nacionales, ni siquiera acuerdos mayoritarios.
Acuerdos mayoritarios los llamo, porque “proyectos de nación” en el sentido unanimista del término, no hay ni puede haber en una democracia. Pero un piso común de acuerdos sobre el cual ejercer las diferencias, no sólo es posible, sino indispensable para la prosperidad de los países.
Durante estos años de vida democrática se han ido consolidando ciertos valores públicos que bien pudieran ser el nuevo piso en que estamos parados.
Sus piezas sueltas no prometen mucho, pero puestas juntas dibujan un cambio mayúsculo.
Digamos, este decálogo (lo esbocé aquí mismo hace unos meses: el 9 de febrero de 2011)
1. La creencia de que no hay otra vía legítima de alcanzar el poder que el voto y las elecciones democráticas.
2. El clamor contra la corrupción y a favor de la transparencia y la rendición de cuentas.
3. Una equivalente preocupación y compromiso con el respeto a los derechos humanos.
4. Una demanda de calidad en la justicia, eficacia en la seguridad pública y castigo a la impunidad.
5. Un acuerdo en el combate a la pobreza y una alta expectativa de mayor seguridad social.
6. Una alergia a los déficits públicos, a los desequilibrios macroeconómicos y a la discrecionalidad del estado en el gasto.
7. Un rechazo a monopolios, oligopolios y poderes fácticos.
8. Una apertura a las ventajas de la globalización, el libre comercio y la integración económica con América del Norte y una estimulación correspondiente del mercado interno.
9. Una alta expectativa de empleo, bienestar, prosperidad.
10. Una democracia que funcione, que genere acuerdos y claridad de rumbo.
Fuente: Milenio
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