domingo, 14 de agosto de 2011

El mensaje de Duarte: El buen juez por su casa empieza

Emilio Cárdenas Escobosa
15 08 11


La preocupación de la gente en Veracruz es una: la grave espiral de inseguridad y violencia que no da tregua. Por eso el reciente mensaje del gobernador Javier Duarte en el que asegura que en la entidad no hay espacio para la impunidad y que no permitirá que la sociedad viva con miedo fue bien recibido por los más disímbolos sectores sociales, porque pone el dedo en la llaga del principal mal que tensa la vida diaria.

Hoy nos habitan el miedo y la zozobra. Cuesta trabajo acostumbrarse al trastorno de la cotidianeidad por las medidas de seguridad, por el paisaje poblado de retenes o patrullajes militares, los rondines de vehículos de las policías federal o estatal con elementos fuertemente armados, las desapariciones de jóvenes, los enfrentamientos, los muertos, las ejecuciones, los levantones, las extorsiones, los secuestros o una larga lista de delitos que no se denuncian por lo inútil que resulta y de los que solo nos enteramos porque fuimos testigos, por referencias de amigos o familiares o por las redes sociales, habida cuenta la paulatina eliminación en los medios de comunicación de estos espinosos temas, sea por la autocensura que alimenta el miedo y la autoprotección o por atentas sugerencias oficiales seguidas obsequiosamente por muchos.

Hoy es una realidad que la gente teme lo mismo a los delincuentes que a las policías, que las dudas y sospechas sobre la colusión de los cuerpos policiacos o de sus mandos con el narcotráfico no son cosa menor. Nos habita de manera notable la desconfianza, la falta de credibilidad en quienes tienen la responsabilidad de perseguir el delito, aplicar la ley o de procurar justicia. Son demasiadas las evidencias de la inacción o la tolerancia ante el quebrantamiento de la ley en diversos momentos o circunstancias que cuesta trabajo creer que ahora sí la cosa va en serio.

Con todo, nadie puede negar que se debe actuar con firmeza ante la delincuencia que nos ha robado la tranquilidad. Cosa buena es que se acepte la existencia del problema y no se evada o se pretenda desaparecer por decreto como ocurrió en el sexenio anterior; como cosa notable es que por voz del mandatario escuchemos que todos aquellos que mantengan vínculos con esos grupos habrán de rendir cuentas ante la ley, sean servidores públicos, empresarios o comunicadores. Y es de destacarse porque significa la aceptación de que el crimen organizado ha infiltrado estructuras gubernamentales o –verdad de Perogrullo- se oculta en actividades productivas o de cualquier índole. Y ese aserto del gobernador Duarte es de reconocerse, sin duda, siempre que no constituya la espada de Damocles sobre personajes incómodos que pueden estar a años luz de sospechas reales sobre relaciones peligrosas.

Pero sabemos que los discursos, por muy publicitados, celebrados, reproducidos o difundidos que sean de poco sirven si no se acompañan de acciones concretas. ¿Sirve de algo que se ordenen cientos de desplegados, adhesiones y reconocimientos al Ejecutivo, o se inserten cientos de gacetillas con expresiones de apoyo o testimonios de actores políticos, del mundo empresarial, de la iglesia o de quien usted quiera, si no se traduce el discurso valiente en actuación del gobierno? ¿Ha disminuido la violencia en los días posteriores al mensaje de Duarte? Por el contrario, hoy por hoy se dirime una cruenta batalla entre grupos criminales que tiene como escenario nuestro estado y la contabilidad de civiles muertos aumenta día con día. Si el mensaje del Ejecutivo tiene destinatarios dentro de la administración estatal o en las de los municipios, si se sabe quienes son y cómo están coludidos personajes o funcionarios con los delincuentes, la cosa es tan simple como actuar. Si se avecinan detenciones de personajes, pues adelante. Lo que los veracruzanos queremos es que se trascienda la palabra, que no se minimicen los hechos de violencia, que se avance en verdad en combatir este flagelo.

Los discursos no amedrentan a los delincuentes ni los disuaden de seguir en lo suyo. Véase el caso de Nuevo León, por citar un ejemplo, donde el joven gobernador Rodrigo Medina ha dicho en todos los tonos lo mismo que dijo nuestro mandatario y en Monterrey se vive una situación terrible de violencia desbordada y tensiones sociales por la cruenta lucha de los cárteles, al tiempo que la administración estatal languidece.

La cooperación con las instancias federales, con el Ejército y la Armada de México es fundamental, lo mismo que la depuración de los cuerpos policiacos, los exámenes de control de confianza de los elementos, el equipamiento y la profesionalización de sus integrantes.

No obstante, en toda esta historia un factor central es el combate, de verdad y sin rollos, a la impunidad. Que se castigue al que delinque. Cosa que en muchos, muchísimos casos es aún aspiración en nuestro país y especialmente en Veracruz. Entre nosotros no solo la delincuencia ha sentado sus reales sino que la acompaña como su sombra protectora la impunidad. Y no solo en el caso de la delincuencia organizada a la que hay que seguir combatiendo, sino a otras expresiones de “infractores de la ley” como son los “servidores públicos” que saquean las arcas, se enriquecen obscenamente, rompen récords de negocios y abusos al amparo del poder, que toleran o toleraron el establecimiento de los criminales entre nosotros y viven tan felices, en sus nuevos cargos o buscando proseguir con sus carreras políticas, seguros de que nadie habrá de molestarlos.

El buen juez por su casa empieza.

jecesco@hotmail.com
www.cronicadelpoder.com

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