sábado, 23 de agosto de 2014

#Economía Peña Nieto y sus reformas mentirosas

23 08 14

Rubén Martín

Apenas promulgó la reforma energética, Enrique Peña Nieto escribió un artículo para explicar y justificar el ciclo de reformas estructurales que emprendió desde que llegó a la presidencia: “Reformas en acción” se llama el artículo.

Según Peña Nieto el diagnóstico era claro: los cambios hechos por gobiernos anteriores lograron una economía abierta al mundo y una democracia electoral exitosa, sin embargo el crecimiento económico se estancó por la caída en la productividad; además de que no se redujo la pobreza. Para solucionar estos problemas propuso un paquete de once reformas estructurales, “aplazadas por décadas y que ahora son una realidad”.

Pasado este “ciclo reformador”, llegó la hora de la acción. Ahora sí, según su dicho, los mexicanos deben prepararse para “construir una historia de éxito”. ¿De veras hay que prepararse para el éxito? ¿De verdad estos eran los problemas del país y las reformas la única solución?

No es así. El artículo de Peña Nieto es una pieza de propaganda, una justificación autoritaria y tecnocrática de las reformas. Autoritaria porque otra vez la clase gobernante impone un modelo o un ciclo de desarrollo sin consultar a la población. Para el actual presidente bastó con que una proporción menor de los mexicanos lo hayan votado para imponer su visión y modelo de país a la sociedad. Las consecuencias directas que acarrearán los cambios que impulsó merecerían un debate realmente a fondo y un proceso de toma de decisiones y consensos más allá de las formalidades actuales del sistema liberal.

El texto de Peña Nieto se sostiene en una narrativa tecnocrática que casi destila desprecio por los mexicanos comunes. Ningún sentimiento de dolencia, de solidaridad con los que han sufrido en el pasado y en la actualidad con las políticas económicas neoliberales impuestas por gobiernos anteriores.

Los mexicanos son masas, cifras, números... “antes no hicieron las reformas adecuadas, mis reformas son la salvación”, parece decir el artículo presidencial.

La clave del diagnóstico de Peña Nieto es que el principal problema del país era la caída de la productividad, no el sufrimiento de las personas, no el aumento del trabajo, no la disminución del ingreso, no la terrible violencia.

El sentido de las reformas está centrado en promover otro gran ciclo de acumulación de capital, esta vez centrado en el despojo. Por eso las leyes para mercantilizar la mano de obra, las tierras, el agua, los bienes comunes, los recursos energéticos. Todo al alcance del mejor postor.

A estas alturas de la modernidad capitalista sabemos que no hay, no puede haber, una sola lectura de la realidad, aunque los tecnócratas como Peña Nieto se empeñen en ello. La lectura y justificación que hace Peña Nieto de sus reformas son la lectura de la clase gobernante, la mirada y necesidades de reordenamiento del país desde arriba, para los que de por sí ya tienen el poder y el dinero.

La historia de este país demuestra que las reformas desde arriba (la borbónica, la porfirista...) echas para impulsar la “productividad” y acelerar la acumulación de capital, han detonado a su vez ciclos de resistencias y rebeldías populares. Esta vez no será la excepción.

@rmartinmar

El Economista

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